Enfermedades del ojo
La retina es la fina capa de tejido nervioso que recubre el interior del ojo y transforma la luz en señales visuales para el cerebro. En el desprendimiento, esa capa se separa de los vasos sanguíneos que la alimentan. Al cortarse el aporte de oxígeno y nutrientes, el daño avanza con rapidez y, si no se trata a tiempo, la pérdida de visión puede volverse irreversible.
Es una de las pocas patologías oculares que se consideran urgencia médica real: cada hora cuenta y el pronóstico depende directamente de la rapidez con que se interviene.
Existen tres formas principales, cada una con un mecanismo distinto:
El más frecuente. Una rotura o desgarro deja que el líquido del ojo se filtre bajo la retina y la separe.
Tejidos cicatriciales tiran de la retina. Común en personas con retinopatía diabética avanzada.
Líquido que se acumula bajo la retina sin que exista rotura, por procesos inflamatorios, infecciosos o tumorales.
Los síntomas suelen aparecer de forma súbita. Los más comunes son:
Si reconoces estos signos, no esperes. El desprendimiento de retina requiere consulta oftalmológica el mismo día. Mientras antes se diagnostique, mayor es la posibilidad de conservar la visión.
El tratamiento es siempre quirúrgico y su urgencia depende del tipo y la extensión. Las técnicas más usadas son:
Mientras antes se interviene, mejor es el pronóstico visual.
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Sí. Requiere atención el mismo día y, en la mayoría de los casos, cirugía inmediata para evitar la pérdida permanente de visión.
Destellos de luz, aumento repentino de moscas volantes y una sombra o cortina oscura que cubre parte del campo visual.
Sí. Se trata con cirugía —vitrectomía, retinopexia neumática o cerclaje escleral— y el pronóstico mejora mientras antes se interviene.
Sí. El diagnóstico y la cirugía cuentan con cobertura. En el Instituto te orientamos según tu previsión al momento de agendar.

